
No vemos. O no queremos vernos. Queremos amarnos con las manos y los oídos. Queremos escucharnos con la saliva y los poros. No vemos. Pero gemimos. Nos acariciamos los nombres cuando nos pronunciamos. Nos escuchamos y por la caída de nuestras pestañas nos encontramos en los rincones de las calles. No vemos. Nos mantenemos alejados de la luz y de la oscuridad. No vemos. El polvo nos guía y nos duele no vernos. Pero nos escuchamos. Y nos queremos. Nos inventamos y nos lloramos. Nos provocamos ronroneos de media noche a distancia. Nos escuchamos palpitar. No vemos. Nos olemos la ausencia en la ropa. Nos arañamos y nos pronunciamos. Nos gritamos pero no, no nos vemos. Nos lamemos la cera del miedo. Nos lamemos los labios y los besos, los ojos que no abrimos, porque no vemos. No vemos. O no queremos vernos.